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Ozempic y Mounjaro.

Lo que la ciencia sabe sobre estos medicamentos, sus beneficios, sus limitaciones y por qué también debemos hablar de salud mental.


En los últimos años, dos nombres han ocupado titulares, redes sociales y conversaciones sobre pérdida de peso: Ozempic y Mounjaro.

Algunas personas los describen como «el mayor avance contra la obesidad».

Otras hablan de ellos como «la inyección para adelgazar».

Y tampoco faltan quienes los consideran una moda peligrosa.

Como suele ocurrir cuando un tratamiento médico genera tanta atención mediática, la realidad es bastante más compleja.

En internet encontramos mensajes completamente opuestos.

Por un lado, quienes los presentan como una solución milagrosa.

Por otro, quienes los demonizan y afirman que nunca deberían utilizarse.

La evidencia científica no respalda ninguna de estas dos posturas extremas.

Ozempic y Mounjaro son medicamentos con indicaciones médicas concretas, beneficios demostrados y riesgos que también deben conocerse.

Y, como psicóloga especializada en trastornos de la conducta alimentaria, creo que existe además una dimensión de la que se habla mucho menos: el impacto psicológico que puede tener el uso de estos tratamientos en una sociedad obsesionada con la delgadez.


Ozempic

¿Qué son Ozempic y Mounjaro?

Aunque muchas personas los conocen únicamente como medicamentos para adelgazar, esa no fue su finalidad inicial.

Ozempic contiene semaglutida, un agonista del receptor GLP-1 desarrollado para el tratamiento de la diabetes mellitus tipo 2.

Mounjaro, cuyo principio activo es tirzepatida, fue diseñado también para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y actúa sobre dos receptores hormonales: GLP-1 y GIP.

Posteriormente, debido a los importantes efectos observados sobre la pérdida de peso, se desarrollaron indicaciones específicas para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso con determinadas condiciones clínicas.

Es importante entender que hablamos de medicamentos.

No de suplementos.

No de productos estéticos.

No de remedios naturales.

Su utilización debe formar parte de una valoración médica individualizada.


¿Cómo funcionan?

Para comprender su funcionamiento no hace falta conocer toda la fisiología digestiva.

Podemos resumirlo de una manera sencilla.

Nuestro intestino produce unas hormonas llamadas incretinas después de comer.

Estas hormonas participan en diferentes funciones:

  • Favorecen la secreción de insulina.

  • Disminuyen la liberación de glucagón.

  • Retrasan el vaciamiento del estómago.

  • Aumentan la sensación de saciedad.

  • Contribuyen a regular el apetito a nivel cerebral.

Ozempic imita la acción del GLP-1.

Mounjaro actúa tanto sobre GLP-1 como sobre GIP.

Como consecuencia, muchas personas experimentan:

  • Menos hambre.

  • Mayor sensación de saciedad.

  • Menor cantidad de comida necesaria para sentirse satisfechas.

  • Reducción espontánea de la ingesta calórica.

Es importante aclarar algo.

Estos medicamentos no «queman grasa».

No aceleran el metabolismo.

No eliminan calorías.

Facilitan que resulte más sencillo comer menos.


Mounjaro

¿Realmente funcionan?

Sí. La respuesta corta es que sí.

Actualmente disponemos de ensayos clínicos de alta calidad que muestran pérdidas de peso clínicamente relevantes.

Los estudios con semaglutida han observado reducciones medias cercanas al 15 % del peso corporal en muchas personas con obesidad cuando el tratamiento se acompaña de modificaciones del estilo de vida.

Los estudios con tirzepatida han mostrado pérdidas incluso superiores, llegando en algunos casos a aproximarse al 20-22 % del peso corporal.

Estos resultados representan uno de los avances más importantes en el tratamiento farmacológico de la obesidad de las últimas décadas.

Sin embargo, conviene interpretar estos datos correctamente.

Hablamos de medias.

No todas las personas responden igual.

No todas alcanzan las mismas pérdidas de peso.

Y no todos los pacientes son candidatos al tratamiento.


Más allá del peso: otros beneficios

Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que el único objetivo de estos medicamentos es adelgazar.

La pérdida de peso es importante.

Pero no es el único beneficio.

En pacientes con obesidad o diabetes pueden contribuir a mejorar:

  • El control glucémico.

  • La tensión arterial.

  • Algunos parámetros cardiovasculares.

  • La esteatosis hepática asociada al síndrome metabólico.

  • La calidad de vida relacionada con la salud.

Además, estudios recientes han mostrado beneficios cardiovasculares en determinados pacientes de alto riesgo tratados con semaglutida.

Es decir.

No hablamos únicamente de una cuestión estética.

En muchos casos hablamos de reducir complicaciones médicas importantes.


semaglutida

Los efectos secundarios

Como cualquier medicamento eficaz, Ozempic y Mounjaro también presentan efectos adversos.

Los más frecuentes son digestivos.

Entre ellos encontramos:

  • Náuseas.

  • Vómitos.

  • Diarrea.

  • Estreñimiento.

  • Dolor abdominal.

  • Sensación intensa de plenitud.

  • Acidez o reflujo.

Generalmente aparecen al inicio del tratamiento y suelen disminuir conforme el organismo se adapta.

No obstante, algunas personas presentan síntomas suficientemente intensos como para abandonar la medicación.

También pueden aparecer otros efectos menos frecuentes que requieren valoración médica.

Por ello, estos tratamientos nunca deberían iniciarse sin supervisión sanitaria.


¿Qué ocurre cuando se deja el tratamiento?

Esta es probablemente una de las preguntas más importantes.

Muchas personas imaginan estos medicamentos como una solución definitiva.

Pero la realidad es distinta.

La investigación muestra que, al suspender el tratamiento, es habitual recuperar parte del peso perdido si no se han consolidado cambios mantenidos en el estilo de vida.

Esto no significa que el medicamento «no funcione».

Significa que el medicamento actúa mientras se administra.

No modifica por sí solo los hábitos, la relación con la comida, el entorno alimentario o las dificultades emocionales asociadas a la alimentación.


tirzepatida

¿Qué ocurre con la masa muscular?

Otro aspecto que está recibiendo cada vez más atención científica es la composición corporal.

Cuando una persona pierde peso rápidamente, no toda esa pérdida corresponde a grasa.

También puede producirse una disminución de masa muscular.

Por este motivo, las guías clínicas insisten en la importancia de acompañar estos tratamientos con:

  • Una alimentación suficiente en proteínas.

  • Ejercicio físico, especialmente entrenamiento de fuerza.

  • Seguimiento nutricional cuando esté indicado.

El objetivo no debería ser únicamente pesar menos.

Debería ser mejorar la salud global.


Ozempic, Mounjaro y trastornos de la conducta alimentaria

Aquí me gustaría detenerme especialmente.

No porque estos medicamentos provoquen directamente un trastorno de la conducta alimentaria.

La evidencia disponible no permite afirmar eso.

Pero sí porque el contexto social en el que vivimos puede convertir una herramienta médica útil en un factor de riesgo para determinadas personas.

Vivimos en una cultura profundamente centrada en la delgadez.

Durante décadas hemos asociado el valor personal con el peso corporal.

Y cuando aparece un tratamiento capaz de reducir el apetito de forma tan eficaz, existe el riesgo de utilizarlo con una finalidad exclusivamente estética, incluso en personas que no presentan obesidad ni indicación médica.

En personas con anorexia nerviosa, bulimia nerviosa, trastorno por atracón u otros trastornos de la conducta alimentaria, el uso de este tipo de fármacos requiere una valoración especialmente cuidadosa.

La reducción del apetito puede reforzar conductas restrictivas, dificultar la exposición normal a la alimentación o convertirse en una nueva estrategia de control del peso.

Por supuesto, esto no significa que estén absolutamente contraindicados en todos los casos.

Significa que la decisión debe individualizarse y tener en cuenta tanto la salud física como la salud psicológica.


tratamiento obesidad

El riesgo de convertir un medicamento en un ideal de belleza

Existe otra cuestión que merece reflexión.

Las redes sociales han transformado estos medicamentos en un fenómeno cultural.

Cada vez aparecen más publicaciones mostrando pérdidas rápidas de peso.

Comparaciones físicas.

Promesas de transformación.

Y mensajes que transmiten la idea de que adelgazar debería ser un objetivo universal.

Pero perder peso no siempre significa mejorar la salud.

Y un cuerpo más delgado no garantiza una mejor relación con uno mismo.

Reducir toda la conversación sobre Ozempic y Mounjaro al número que marca una báscula es olvidar que la salud también incluye bienestar psicológico, calidad de vida, autoestima, alimentación flexible y una relación sana con el cuerpo.


¿Son buenos o malos?

Quizá esta sea la pregunta equivocada.

Los medicamentos no son buenos ni malos.

Son herramientas.

Cuando están correctamente indicados pueden mejorar de forma significativa la salud de muchas personas.

Cuando se utilizan sin supervisión, con expectativas irreales o únicamente por presión estética, también pueden generar problemas.

La clave no está en el medicamento.

La clave está en la indicación clínica.


pérdida de peso

Reflexión final

«Ozempic y Mounjaro» representan uno de los avances farmacológicos más importantes en el tratamiento de la obesidad de los últimos años.

La evidencia científica demuestra que son eficaces y que pueden mejorar la salud de muchas personas cuando se utilizan de forma adecuada.

Pero ningún medicamento sustituye una alimentación equilibrada.

Ningún medicamento sustituye el ejercicio físico.

Y, sobre todo, ningún medicamento sustituye el trabajo psicológico cuando la comida se ha convertido en una forma de gestionar emociones, ansiedad, autoestima o sufrimiento.

Porque el peso puede cambiar con una inyección.

La relación con la comida, con el cuerpo y con uno mismo requiere algo mucho más profundo.


Celia Ruano Robles

Psicóloga General Sanitaria Especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria



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