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El papel del psicólog@ en la pérdida de peso.

Mucho más que «tener fuerza de voluntad»: la psicología detrás del cambio de hábitos.


Cuando una persona decide perder peso, lo primero que suele pensar es en acudir a un médico, un endocrino o un dietista-nutricionista. Sin embargo, pocas veces se plantea que un psicólogo también puede desempeñar un papel fundamental en ese proceso. Existe la falsa creencia de que la pérdida de peso depende exclusivamente de conocer qué alimentos son saludables o de tener suficiente fuerza de voluntad para seguir una dieta. Si esto fuera cierto, la inmensa mayoría de las personas que han intentado adelgazar lo habrían conseguido de forma definitiva hace años. La realidad es bastante más compleja.


La evidencia científica lleva décadas mostrando que los hábitos alimentarios, la actividad física y la regulación del peso corporal están profundamente influenciados por variables psicológicas, emocionales, sociales y ambientales. Precisamente por ello, «El papel del psicólog@ en la pérdida de peso» no consiste en decirle a una persona qué debe comer ni en diseñar un plan nutricional, sino en comprender por qué le resulta tan difícil mantener determinados cambios y ayudarle a desarrollar herramientas que favorezcan una relación más saludable con la comida y consigo misma.


papel del psicólogo en la pérdida de peso

La pérdida de peso no depende únicamente de las calorías

Durante mucho tiempo el abordaje del sobrepeso y la obesidad se ha centrado casi exclusivamente en el balance energético: consumir menos calorías de las que se gastan. Aunque desde un punto de vista fisiológico este principio es correcto, reducir un problema tan complejo a una simple ecuación supone ignorar una enorme cantidad de factores que intervienen en el comportamiento humano.


Las personas no comen únicamente porque tengan hambre. También comen por ansiedad, aburrimiento, tristeza, estrés, celebración, costumbre, presión social, disponibilidad de alimentos o aprendizaje familiar. Del mismo modo, dejar de hacer ejercicio rara vez se explica por falta de información. En la mayoría de los casos existen barreras emocionales, cognitivas y ambientales que dificultan enormemente mantener determinados hábitos a largo plazo.


Por eso resulta tan frecuente que muchas personas conozcan perfectamente qué deberían hacer y, aun así, les cueste enormemente llevarlo a la práctica de forma mantenida.


¿Qué hace realmente un psicólogo cuando acompaña un proceso de pérdida de peso?

Una de las primeras tareas consiste en comprender cuál es la relación que esa persona mantiene con la comida. No todas las dificultades tienen el mismo origen. Algunas personas utilizan la alimentación para regular emociones desagradables. Otras alternan periodos de restricción muy estricta con episodios de pérdida de control. Algunas presentan una autoexigencia extrema y abandonan cualquier intento de cambio cuando no pueden hacerlo «perfecto». Otras arrastran décadas de estigma relacionado con el peso que han deteriorado profundamente su autoestima.

Desde la psicología no trabajamos únicamente sobre la conducta de comer, sino sobre todo aquello que la mantiene.


También resulta fundamental identificar las creencias que muchas personas han aprendido a lo largo de su vida. Frases como «he roto la dieta, así que ya da igual lo que coma hoy», «si no adelgazo significa que soy un fracaso» o «solo podré ser feliz cuando tenga determinado cuerpo» generan un enorme sufrimiento y favorecen precisamente aquellos comportamientos que dificultan mantener cambios saludables.


psicología y pérdida de peso

La regulación emocional: una pieza clave

Uno de los aspectos mejor estudiados por la investigación es la relación entre emociones y alimentación. Comer puede convertirse en una estrategia rápida para aliviar momentáneamente emociones desagradables como la ansiedad, la soledad, el aburrimiento o la frustración. Esto no significa que toda ingesta emocional constituya un problema. Todos utilizamos ocasionalmente la comida con un componente emocional. El problema aparece cuando se convierte en la principal o única forma de gestionar el malestar.


En estos casos, el objetivo terapéutico no consiste en prohibir determinados alimentos, sino en ampliar el repertorio de estrategias de regulación emocional. Aprender a identificar las emociones, tolerarlas sin actuar impulsivamente y responder de forma más flexible suele producir beneficios mucho más duraderos que cualquier dieta extremadamente restrictiva.


El problema de las dietas estrictas

La literatura científica muestra de forma consistente que las intervenciones excesivamente restrictivas suelen presentar importantes dificultades de mantenimiento a largo plazo. Cuanto mayor es la rigidez, mayor suele ser el riesgo de abandono, efecto rebote, episodios de sobreingesta y deterioro de la relación con la comida.


Por este motivo, desde una perspectiva psicológica basada en la evidencia, el objetivo no consiste únicamente en perder peso, sino en desarrollar hábitos que puedan mantenerse durante años sin generar un sufrimiento constante.


No tiene sentido seguir un plan perfecto durante dos meses si después resulta imposible sostenerlo.


relación con la comida

Cuando la pérdida de peso deja de ser saludable

Existe una cuestión que merece especial atención. En ocasiones, el deseo de perder peso termina convirtiéndose en el centro de la vida de una persona. Cada comida genera ansiedad. El peso determina el estado de ánimo del día. Aparece miedo intenso a determinados alimentos, culpa después de comer o necesidad de compensar cualquier ingesta considerada «excesiva».


En estos casos ya no estamos hablando únicamente de hábitos saludables. Podemos encontrarnos ante conductas de riesgo para el desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.


Por eso resulta tan importante que cualquier intervención destinada a modificar hábitos alimentarios tenga presente no solo el peso corporal, sino también el bienestar psicológico de la persona.


El trabajo conjunto con otros profesionales

El abordaje más eficaz suele ser multidisciplinar. El médico evalúa el estado general de salud y las posibles enfermedades asociadas. El dietista-nutricionista diseña una intervención nutricional individualizada basada en la evidencia científica. El especialista en actividad física adapta el ejercicio a las características de la persona. Y el psicólogo trabaja aquellos factores emocionales, conductuales y cognitivos que influyen en la adherencia al tratamiento.


No se trata de decidir qué profesional es más importante, sino de comprender que cada uno aporta conocimientos diferentes y complementarios.


alimentación emocional

El papel de la autoestima

Uno de los mayores errores consiste en pensar que la autoestima mejorará automáticamente cuando cambie el peso corporal.


En consulta observamos con frecuencia que personas que han alcanzado el peso que deseaban continúan sintiéndose insuficientes, inseguras o profundamente críticas consigo mismas.


Esto ocurre porque la autoestima no depende exclusivamente del cuerpo. Si una persona ha aprendido durante años a valorarse únicamente por su aspecto físico, es probable que siga encontrando nuevos motivos para no sentirse suficiente incluso después de perder peso.


Trabajar una autoestima más estable y menos dependiente de la imagen corporal constituye uno de los objetivos fundamentales de la intervención psicológica.


¿Y si el objetivo no fuera únicamente perder peso?

Quizá esta sea la reflexión más importante de todas.


En muchas ocasiones las personas llegan a consulta convencidas de que necesitan adelgazar. Sin embargo, conforme avanza el proceso descubren que aquello que realmente estaban buscando era sentirse mejor consigo mismas, dejar de vivir con culpa, recuperar una relación tranquila con la comida, dejar de evitar el espejo, volver a hacer planes o dejar de pensar constantemente en el siguiente intento de dieta.

La pérdida de peso puede ser un objetivo legítimo cuando existe una indicación médica o cuando forma parte de un plan integral de salud. Pero convertir el número de la báscula en el único indicador de éxito suele conducir a una enorme frustración.


La verdadera pregunta quizá no sea únicamente cuánto pesa una persona. La verdadera pregunta es cómo está viviendo.


hábitos saludables

Reflexión final

Hablar de «El papel del psicólog@ en la pérdida de peso» implica reconocer que cambiar hábitos no depende únicamente de saber qué hacer. Depende de comprender por qué hacemos lo que hacemos, cómo gestionamos nuestras emociones, qué relación mantenemos con nuestro cuerpo y qué expectativas tenemos sobre nosotros mismos.

La psicología no sustituye a la nutrición ni a la medicina. Las complementa. Porque detrás de muchos intentos fallidos de perder peso no encontramos falta de información. Encontramos culpa, perfeccionismo, estigma, ansiedad, baja autoestima, regulación emocional deficiente y años de mensajes contradictorios sobre cómo deberíamos ser.


Trabajar sobre estos aspectos no solo favorece cambios más sostenibles. También ayuda a construir una relación mucho más sana con la comida y con uno mismo, independientemente del número que aparezca en la báscula.


autoestima e imagen corporal

Reserva tu sesión

Si sientes que llevas años encadenando dietas, recuperando el peso perdido, viviendo con culpa alrededor de la comida o notas que la alimentación ocupa demasiado espacio en tu vida, quizá el problema no sea la falta de fuerza de voluntad. La terapia psicológica puede ayudarte a comprender qué está manteniendo ese patrón y a desarrollar una relación más saludable con la comida, tu cuerpo y tus hábitos. Si quieres empezar ese proceso acompañado desde un enfoque basado en la evidencia científica y adaptado a tus necesidades, puedes reservar una sesión conmigo. Estaré encantada de ayudarte.



psicología de la obesidad

conducta alimentaria

regulación emocional y alimentación

psicólogo especialista en TCA

 
 
 

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