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Septiembre: mes de la prevención del suicidio.

4 sept
10 min de lectura

Hablar del suicidio no aumenta el riesgo: puede abrir una puerta para pedir ayuda cuando más se necesita.


Septiembre es un mes especialmente importante para hablar de prevención del suicidio. Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca visibilizar una realidad que durante demasiado tiempo ha estado rodeada de silencio, miedo y estigma. Hablar de suicidio no significa hablar de muerte de una manera morbosa ni fomentar este tipo de conductas. Significa reconocer que existe sufrimiento psicológico intenso, que algunas personas pueden llegar a sentir que no encuentran una salida y que la prevención requiere que seamos capaces de identificar señales de alarma, preguntar directamente y facilitar el acceso a ayuda profesional. El suicidio no es un problema que pueda explicarse por una única causa y tampoco existe una única intervención capaz de prevenir todos los casos. Es un fenómeno complejo en el que pueden intervenir factores psicológicos, sociales, familiares, económicos, médicos y circunstanciales. Precisamente por eso, la prevención también necesita ser múltiple.


septiembre prevención del suicidio

¿Por qué necesitamos hablar de suicidio?

Durante mucho tiempo, el suicidio ha sido un tema del que muchas personas evitaban hablar por miedo a «dar ideas», incomodar o no saber qué decir. Este silencio puede hacer que alguien que está atravesando un sufrimiento intenso sienta que no puede contar lo que le está ocurriendo. Puede pensar que será juzgado, que preocupará a su familia, que nadie podrá comprenderle o que admitir que tiene pensamientos suicidas significa automáticamente que será ingresado o que perderá el control sobre su propia vida.


Sin embargo, preguntar de manera directa y respetuosa por la presencia de pensamientos suicidas puede formar parte de una conversación de ayuda. Preguntar «¿has pensado en hacerte daño o en suicidarte?» no introduce por sí mismo una idea que no existía. Lo que hace es abrir un espacio para que la persona pueda hablar de algo que quizá ya estaba experimentando en silencio. Y, en ocasiones, poder decir en voz alta «sí, estoy teniendo estos pensamientos» puede ser el primer paso para que alguien reciba ayuda.

La prevención del suicidio comienza, en parte, cuando dejamos de tratarlo como un tema innombrable.


El suicidio no tiene una única causa

Es importante evitar explicaciones simplistas. No existe una única causa del suicidio ni podemos reducirlo a una determinada enfermedad mental, una ruptura sentimental, un problema económico o cualquier otra circunstancia aislada. Las personas pueden encontrarse en situaciones de enorme sufrimiento por motivos muy diferentes y, además, la manera en la que cada individuo responde a esas circunstancias también depende de su historia, sus recursos, su red de apoyo y otros factores.


Una persona puede estar atravesando una depresión. Otra puede experimentar una crisis relacionada con una pérdida. Otra puede encontrarse en una situación de aislamiento social. Otra puede vivir un periodo de estrés extremo. También pueden existir dificultades relacionadas con enfermedades físicas, consumo de sustancias, conflictos familiares, violencia, problemas económicos, experiencias traumáticas o múltiples factores que se acumulan simultáneamente.


Por eso, cuando hablamos de prevención del suicidio, no deberíamos buscar una explicación única. Deberíamos intentar comprender qué está ocurriendo en esa persona concreta y qué factores están aumentando su sufrimiento y cuáles pueden ayudar a protegerla.


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Tener pensamientos suicidas no significa necesariamente querer morir

Esta es una distinción especialmente importante.

Cuando una persona expresa pensamientos relacionados con el suicidio, no siempre está comunicando un deseo estable y permanente de morir. En algunos casos puede estar expresando, fundamentalmente, un deseo de que termine un sufrimiento que percibe como insoportable.


«No puedo seguir viviendo así».

«No quiero sentirme así nunca más».

«No encuentro ninguna salida».

«No puedo soportarlo».


Estas expresiones pueden reflejar una sensación de desesperanza y de falta de alternativas. La persona puede llegar a percibir que la única manera de terminar con el dolor es terminar con su propia vida.


Esto no significa que debamos minimizar una expresión suicida. Al contrario: cualquier manifestación de este tipo merece ser tomada en serio y evaluada adecuadamente. Pero comprender la diferencia entre el deseo de morir y el deseo de dejar de sufrir puede ayudarnos a entender qué está ocurriendo psicológicamente.


La intervención no consiste simplemente en decirle a alguien «tienes muchas cosas buenas por las que vivir». Cuando una persona está experimentando un nivel muy elevado de sufrimiento, probablemente ya sepa racionalmente que existen aspectos positivos en su vida. El problema es que, en ese momento, puede no ser capaz de acceder emocionalmente a ellos.


La desesperanza como señal importante

Uno de los elementos que merece especial atención es la desesperanza: la sensación de que las cosas no van a mejorar, de que no existe ninguna alternativa y de que el sufrimiento continuará indefinidamente.


Cuando una persona piensa «esto va a ser así para siempre», su percepción del futuro puede quedar completamente condicionada por su estado emocional actual. El presente parece convertirse en una predicción.


«Ahora estoy mal» puede transformarse en «siempre voy a estar mal».

«Esta situación no tiene solución» puede convertirse en «mi vida no tiene solución».

«No puedo imaginar una salida» puede transformarse en «no existe ninguna salida».


Desde la intervención psicológica, uno de los objetivos puede ser precisamente ampliar ese campo de visión. No se trata de prometer que todo saldrá bien ni de ofrecer falsas garantías. Se trata de ayudar a la persona a pasar de una conclusión absoluta a una perspectiva más abierta: «Ahora mismo no veo una salida» no significa necesariamente «no existe ninguna salida».


Día Mundial para la Prevención del Suicidio

Señales de alarma

No existe una lista de señales que permita saber con certeza si una persona va a realizar una conducta suicida. Sin embargo, existen determinados cambios o comportamientos que pueden justificar una conversación y una valoración profesional.

Entre ellos pueden encontrarse expresiones relacionadas con no querer vivir, sentirse una carga, no encontrar sentido a la vida o pensar que los demás estarían mejor sin uno mismo. También pueden preocupar cambios importantes en el comportamiento, aislamiento repentino, desesperanza intensa, aumento del consumo de sustancias, despedidas inusuales, regalar pertenencias importantes, cambios bruscos en el estado emocional o una búsqueda de información relacionada con la muerte o el suicidio.


También merece especial atención una situación en la que una persona que había mostrado una intensa angustia parezca experimentar de repente una tranquilidad inusual después de un periodo de crisis. Este tipo de cambio no debe interpretarse automáticamente de una determinada manera, pero sí puede justificar que se pregunte directamente cómo se encuentra.


Lo importante es no convertir estas señales en una especie de «test» casero. Una señal aislada no permite predecir lo que una persona hará. La valoración del riesgo debe realizarla un profesional cuando existe una preocupación significativa, especialmente si aparecen pensamientos suicidas, intención, planificación o acceso a medios para llevar a cabo una conducta.


¿Cómo preguntar a alguien si está pensando en suicidarse?

Una de las dificultades más frecuentes es no saber qué decir.

A veces pensamos que necesitamos encontrar la frase perfecta, cuando en realidad puede ser mucho más importante transmitir cercanía, calma y disponibilidad.

Podemos empezar de una manera sencilla:


«Últimamente te noto mucho más triste y preocupado/a. Quiero preguntarte algo directamente porque me importas. ¿Has pensado en hacerte daño o en suicidarte?»


Preguntar directamente no significa presionar a la persona para que hable. Podemos darle tiempo, escuchar sin interrumpir y evitar convertir inmediatamente la conversación en un interrogatorio.


Si responde que sí, podemos continuar explorando con serenidad:


«¿Desde cuándo tienes estos pensamientos?»

«¿Te ocurre de forma puntual o aparecen con frecuencia?»

«¿Has pensado en cómo hacerlo?»

«¿Has llegado a preparar algo?»

«¿Sientes que podrías hacerte daño ahora mismo?»


Estas preguntas no sustituyen una evaluación profesional, pero pueden ayudar a determinar si existe una situación de urgencia y facilitar que se busque ayuda.


salud mental y prevención del suicidio

Qué hacer y qué evitar

Cuando alguien nos cuenta que está teniendo pensamientos suicidas, nuestra primera reacción puede ser de miedo. Podemos sentir que tenemos que solucionar inmediatamente su sufrimiento o decir algo que cambie su manera de pensar.

Pero algunas respuestas bienintencionadas pueden resultar poco útiles.


«No digas tonterías».

«Tienes que ser fuerte».

«Piensa en tu familia».

«Hay gente que está mucho peor».

«No puedes hacerle esto a los demás».

«Eso es solo para llamar la atención».


Este tipo de frases pueden aumentar la culpa, la vergüenza o la sensación de incomprensión. Es preferible transmitir algo diferente:


«Gracias por contármelo».

«Me alegra que hayas podido decírmelo».

«No tienes que manejar esto tú solo/a».

«Quiero ayudarte a buscar apoyo».

«Vamos a centrarnos primero en que estés a salvo».


No necesitamos tener todas las respuestas. Necesitamos tomar en serio lo que la persona está comunicando y ayudarla a conectar con los recursos adecuados.


La importancia de no quedarse solo con el problema

Cuando existe riesgo suicida, no es recomendable que toda la responsabilidad recaiga sobre una única persona del entorno.


Un familiar, una pareja o un amigo pueden ser un apoyo fundamental, pero no tienen por qué convertirse en terapeutas ni asumir en solitario la responsabilidad de mantener a alguien seguro.


La prevención requiere una red.


Puede implicar contactar con profesionales de salud mental, acudir a servicios sanitarios, informar a personas de confianza y, cuando existe un riesgo inmediato, recurrir a los servicios de emergencia.


Si existe un peligro inmediato o una persona considera que puede hacerse daño en ese momento, no debería quedarse sola y es necesario buscar ayuda urgente a través de los servicios de emergencia o los recursos sanitarios disponibles.

En España, el 024 ofrece atención a la conducta suicida y a personas de su entorno. Ante una emergencia inmediata, puede contactarse con el 112.


prevención conducta suicida

Prevención no significa solamente intervenir en una crisis

Hablar de prevención del suicidio no debería limitarse a actuar cuando una persona ya está en una situación de máximo riesgo. También implica trabajar mucho antes.

Significa mejorar el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica cuando sea necesaria.

Significa reducir el estigma alrededor de la salud mental.

Significa enseñar a reconocer señales de alarma.

Significa desarrollar habilidades de regulación emocional.

Significa fortalecer las relaciones y redes de apoyo.

Significa trabajar la desesperanza.

Significa abordar los problemas que están generando sufrimiento.

Significa aprender estrategias para afrontar las crisis.

Y significa crear contextos en los que pedir ayuda no sea percibido como un fracaso.

La prevención empieza mucho antes de una emergencia.


El papel de la terapia psicológica

La terapia puede ser un espacio especialmente importante para personas que experimentan sufrimiento psicológico intenso, desesperanza, pensamientos autodestructivos o dificultades para gestionar determinadas emociones.


El objetivo no consiste únicamente en «quitar los pensamientos negativos». Se trata de comprender qué está provocando y manteniendo el sufrimiento, identificar los factores de riesgo y protección, desarrollar estrategias para atravesar momentos de crisis y construir alternativas cuando la persona siente que no existen.


En algunos casos será necesario trabajar depresión, ansiedad, trauma, regulación emocional, problemas interpersonales, impulsividad, consumo de sustancias o determinadas conductas autodestructivas. En otros, será necesario coordinar la intervención psicológica con atención médica o psiquiátrica.


Y en situaciones de riesgo elevado, la terapia ambulatoria puede no ser suficiente. Reconocer cuándo es necesario aumentar el nivel de atención también forma parte de una intervención responsable.


señales de alarma suicidio

TLP y conductas suicidas

El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) merece una mención especial porque puede asociarse a una elevada intensidad emocional, impulsividad, conductas autodestructivas y episodios de crisis en los que la persona puede experimentar un sufrimiento especialmente intenso.


Esto no significa que todas las personas con TLP tengan pensamientos suicidas ni que el diagnóstico permita predecir una conducta determinada. Tampoco significa que las conductas suicidas deban interpretarse como «manipulación» o «búsqueda de atención».

Una persona puede estar experimentando una emoción tan intensa que, durante un momento de crisis, su capacidad para valorar alternativas quede considerablemente reducida.


Precisamente por eso, en el tratamiento del TLP es importante trabajar habilidades específicas de regulación emocional, tolerancia al malestar, prevención de crisis, resolución de problemas y mejora de las relaciones interpersonales. También es importante desarrollar un plan de seguridad individualizado cuando existe riesgo, en coordinación con los profesionales correspondientes.


Hablar de suicidio también significa hablar de esperanza

La esperanza no consiste en repetir «todo va a salir bien».

Cuando alguien está sufriendo, este tipo de frases puede incluso resultar desconectado de su experiencia.

La esperanza puede ser algo mucho más pequeño.

Puede ser pensar: «No necesito solucionar toda mi vida hoy».

Puede ser: «Necesito atravesar esta noche».

Puede ser: «Voy a pedir ayuda antes de tomar una decisión».

Puede ser: «Ahora mismo no encuentro una solución, pero puedo darme tiempo para buscarla».

Puede ser: «No tengo que afrontar esto solo/a».

En momentos de crisis, reducir el horizonte temporal puede ayudar. No necesitamos resolver el futuro completo. Primero necesitamos conseguir que la persona atraviese el momento de mayor intensidad con seguridad y pueda acceder a apoyo.


cómo ayudar a una persona con pensamientos suicidas

La prevención también está en los pequeños gestos

No siempre sabemos cuándo alguien cercano está atravesando una crisis. Muchas personas continúan trabajando, estudiando, relacionándose y realizando aparentemente sus actividades habituales mientras experimentan un sufrimiento psicológico muy intenso.

Por eso, preguntar «¿cómo estás?» puede ser importante.

Pero quizá todavía sea más importante preguntar de una manera que permita una respuesta sincera:

«¿Cómo estás realmente?»

«¿Cómo estás llevando todo esto?»

«Te noto diferente últimamente. ¿Hay algo que no me estés contando porque te preocupa preocuparme?»

No necesitamos convertirnos en investigadores de la salud mental de nuestro entorno. Simplemente podemos intentar estar disponibles.

A veces, una persona no necesita que solucionemos su problema.

Necesita saber que puede hablar de él.


Septiembre como oportunidad para hablar

El mes de septiembre puede servirnos como recordatorio, pero la prevención del suicidio no debería limitarse a un día concreto del calendario.


Necesitamos seguir hablando de salud mental durante todo el año.

Necesitamos normalizar que pedir ayuda es una conducta de cuidado.

Necesitamos cuestionar el estigma que todavía existe alrededor de determinadas dificultades psicológicas.

Y necesitamos entender que prevenir el suicidio no consiste solamente en evitar una muerte. También consiste en hacer posible una vida en la que la persona encuentre alternativas al sufrimiento que está experimentando.


La prevención comienza cuando alguien puede decir «no estoy bien» y encuentra a alguien dispuesto a escuchar.

Continúa cuando esa persona puede acceder a una evaluación adecuada.

Y se fortalece cuando recibe el tratamiento y el apoyo que necesita.


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En conclusión

Septiembre, como mes en el que ponemos especialmente el foco en la prevención del suicidio, nos recuerda la importancia de hablar de un tema que todavía genera mucho silencio. El suicidio es un fenómeno complejo que no puede reducirse a una única causa y cuya prevención requiere combinar atención profesional, apoyo social, educación, detección temprana y acceso adecuado a recursos sanitarios.

No necesitamos saber exactamente qué decir para acercarnos a alguien que está sufriendo. Podemos empezar escuchando, preguntando directamente y tomando en serio aquello que nos cuenta. Hablar del suicidio no significa provocar el problema; hablar puede permitir que el sufrimiento deje de vivirse en soledad.

Si tú o alguien cercano está atravesando una crisis y existe riesgo inmediato de hacerse daño, busca ayuda urgente y no permanezcas a solas con la situación. En España puedes contactar con el 024 para atención relacionada con la conducta suicida y, ante una emergencia inmediata, con el 112.

Y si no existe una emergencia inmediata pero llevas tiempo sintiendo que no puedes más, que has perdido la esperanza o que estás teniendo pensamientos que te preocupan, no esperes necesariamente a que la situación empeore para pedir ayuda.


Pedir ayuda también es una forma de prevención

Si estás atravesando un periodo de sufrimiento intenso, tienes dificultades para gestionar tus emociones o sientes que determinados pensamientos y conductas están empezando a desbordarte, podemos trabajar juntas/os para comprender qué está ocurriendo y desarrollar estrategias que te permitan afrontar estas situaciones de una manera diferente. Puedes reservar una sesión conmigo y dar el primer paso para empezar a trabajar sobre aquello que ahora mismo te está haciendo sufrir.


Celia Ruano Robles

Psicóloga General Sanitaria




 
 
 

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