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Intolerancia al malestar.

La intolerancia al malestar no consiste en sufrir más que otras personas, sino en percibir determinadas emociones, pensamientos o sensaciones como tan difíciles de soportar que se hace necesario escapar de ellas cuanto antes.


«No puedo soportar sentirme así».

«Necesito que esta sensación desaparezca ya».

«Cuando me encuentro mal, hago cualquier cosa para dejar de sentirlo».

«Sé que me perjudica, pero en ese momento necesito escapar».

Todos los seres humanos experimentamos emociones desagradables. La tristeza, la frustración, la ansiedad, la incertidumbre o la vergüenza forman parte de la experiencia humana.

Sin embargo, no todas las personas se relacionan con ese malestar de la misma manera.

La intolerancia al malestar hace referencia a la dificultad para permanecer en contacto con experiencias emocionales incómodas sin intentar eliminarlas, evitarlas o escapar de ellas de forma inmediata.

Y aunque pueda parecer una cuestión de fortaleza personal, en realidad se trata de un proceso psicológico mucho más complejo.


intolerancia al malestar

Qué es la intolerancia al malestar

La intolerancia al malestar puede definirse como la percepción de que determinadas emociones o sensaciones internas son insoportables, peligrosas o imposibles de gestionar.

Cuando esto ocurre, la persona suele sentir una necesidad urgente de hacer algo para dejar de experimentar aquello que está sintiendo.

No porque quiera evitar responsabilidades.

No porque sea débil.

Sino porque el malestar se vive como algo extremadamente amenazante.


El problema no es sentir malestar

Una idea fundamental es que el problema no suele ser la emoción en sí.

El problema aparece cuando la persona concluye que no puede tolerarla.

Por ejemplo:

  • La ansiedad es incómoda.

  • La tristeza es dolorosa.

  • La frustración puede resultar desagradable.

Pero ninguna de estas emociones es necesariamente peligrosa.

La dificultad aparece cuando la mente interpreta:

«No puedo con esto».

«Esto tiene que desaparecer».

«No debería sentirme así».


regulación emocional

Cómo se manifiesta en la vida cotidiana

La intolerancia al malestar puede aparecer de formas muy distintas.

Algunos ejemplos frecuentes incluyen:

  • Evitar conversaciones difíciles.

  • Buscar distracciones constantes.

  • Posponer tareas que generan incomodidad.

  • Comer para aliviar emociones.

  • Revisar compulsivamente el móvil.

  • Buscar tranquilidad de manera repetida.

  • Aislarse cuando aparecen emociones intensas.

Muchas de estas conductas producen alivio a corto plazo.

Pero suelen mantener el problema a largo plazo.


El ciclo de la intolerancia al malestar

La intolerancia al malestar suele funcionar a través de un círculo que se refuerza continuamente.

  1. Aparece una emoción desagradable.

  2. La persona interpreta que no puede soportarla.

  3. Busca eliminarla de forma inmediata.

  4. Obtiene alivio temporal.

  5. La próxima vez tolera todavía menos el malestar.

Cuanto más se evita una emoción, más amenazante puede parecer en el futuro.


evitación experiencial

La relación con la evitación experiencial

La intolerancia al malestar está estrechamente relacionada con la evitación experiencial.

Es decir, con todos aquellos intentos dirigidos a no sentir, no pensar o no experimentar determinadas experiencias internas.

Por ejemplo:

  • Evitar situaciones que generan ansiedad.

  • Intentar bloquear pensamientos.

  • Consumir comida para regular emociones.

  • Buscar distracciones constantes.

El objetivo suele ser reducir el sufrimiento.

Sin embargo, muchas veces el resultado es justamente el contrario.


Intolerancia al malestar y salud mental

La intolerancia al malestar aparece con frecuencia en diferentes problemas psicológicos.

Por ejemplo:

  • Trastornos de ansiedad.

  • Trastornos de la Conducta Alimentaria.

  • Trastorno Límite de la Personalidad.

  • Depresión.

  • Trastorno obsesivo-compulsivo.

  • Conductas autolesivas.

  • Problemas relacionados con impulsividad.

No porque sea la única causa, sino porque puede contribuir al mantenimiento del malestar.


ansiedad

Cuando todo se vuelve urgente

Una característica habitual de la intolerancia al malestar es la sensación de urgencia.

La persona siente que debe actuar inmediatamente para dejar de sentirse como se siente.

Aparecen pensamientos como:

«Tengo que resolver esto ya».

«Necesito tranquilizarme ahora mismo».

«No puedo aguantar esta emoción».

Esta urgencia dificulta la toma de decisiones reflexivas y favorece respuestas impulsivas.


¿Por qué algunas personas la desarrollan?

No existe una única explicación.

La intolerancia al malestar suele estar relacionada con diferentes factores:

  • Temperamento.

  • Experiencias tempranas.

  • Aprendizajes familiares.

  • Historia de invalidación emocional.

  • Experiencias traumáticas.

  • Contextos donde las emociones fueron castigadas o minimizadas.

En muchos casos, la persona nunca tuvo la oportunidad de aprender que podía atravesar determinadas emociones sin ser destruida por ellas.


gestión emocional

Tolerar no significa resignarse

Una de las confusiones más frecuentes es pensar que tolerar el malestar significa conformarse o sufrir pasivamente.

No es así.

Tolerar significa:

  • Reconocer la emoción.

  • Permitir su presencia temporal.

  • No reaccionar automáticamente.

  • Elegir cómo actuar de manera consciente.

Es una posición muy diferente a la resignación.


Qué se trabaja en terapia

Cuando existe una elevada intolerancia al malestar, la terapia suele ayudar a desarrollar capacidades como:

  • Identificación emocional.

  • Regulación emocional.

  • Tolerancia a la incertidumbre.

  • Flexibilidad psicológica.

  • Mindfulness.

  • Exposición a emociones difíciles.

  • Reducción de conductas evitativas.

El objetivo no es eliminar las emociones desagradables.

Es aprender a convivir con ellas sin que dirijan toda la conducta.


terapia psicológica

La paradoja del malestar

Existe una paradoja importante.

Cuanto más intentamos eliminar determinadas emociones, más presentes suelen volverse.

Y cuanto más aprendemos a permitirlas, menos poder tienen sobre nosotros.

Por eso gran parte del trabajo terapéutico consiste en cambiar la relación con el malestar, no en eliminarlo por completo.


Conclusión

La intolerancia al malestar no implica que una persona sea débil o incapaz de afrontar los problemas.

Implica que determinadas emociones, pensamientos o sensaciones internas se viven como tan difíciles de soportar que aparece una necesidad urgente de escapar de ellas.

Aprender a tolerar el malestar no significa disfrutar del sufrimiento, sino desarrollar la capacidad de atravesarlo sin reaccionar impulsivamente ni organizar toda la vida alrededor de evitarlo.

Y, paradójicamente, esa capacidad suele convertirse en una de las herramientas más importantes para reducir el sufrimiento psicológico a largo plazo.


Celia Ruano Robles

Psicóloga General Sanitaria



 
 
 

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